La Emboscada de Selena.
El almacén donde el grupo se había refugiado estaba silencioso, pero Isela no podía ignorar la sensación de que algo estaba cambiando. El cuaderno, que hasta entonces había emitido un brillo constante, ahora parpadeaba intermitente, como avisando de un peligro inminente.
— ¿Sienten eso? —Preguntó Leo, frunciendo el ceño—. Algo se acerca.
Damian se movió hacia la entrada, con la pistola lista.
—No es paranoia —dijo con voz grave—. Alguien nos sigue.
Isela apretó la mochila que contenía el cuader