La Busqueda.
El silencio era casi religioso dentro del pasillo principal del complejo.
Vincent avanzaba con paso firme, aunque cada eco de sus botas resonaba como una duda. El aire olía a sangre y metal quemado; señales inequívocas de una sobrecarga reciente.
En la pared izquierda, una línea de luces parpadeaba intermitente, proyectando sombras quebradas sobre los tubos y las compuertas selladas. Todo el sistema estaba colapsando, y sin embargo, en algún punto de ese laberinto de acero, algo seguía respiran