Escombros.

La oscuridad no fue inmediata. Primero vino el silencio.

Un silencio tan denso que pareció absorber el aire, el sonido, incluso los pensamientos. Luego, lentamente, la negrura se llenó de un murmullo bajo, un pulso metálico que resonaba detrás de sus costillas. Isela no supo si estaba respirando o si era el sistema el que lo hacía por ella. Solo sabía que estaba viva. O algo parecido a eso.

El suelo bajo su cuerpo era irregular, cubierto de polvo y fragmentos de metal fundido. Intentó moverse,
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