El Primer Despertar.
El edificio del Consejo se alzaba como una frontera entre lo humano y lo que ya no lo era. En su interior, los años no tenían peso; el tiempo se medía por pulsos eléctricos y el sonido constante de las máquinas respirando.
Selena recordaba ese murmullo mejor que cualquier voz. Cada noche, cuando las luces bajaban y el sistema entraba en modo de reposo, el zumbido se volvía casi orgánico, como si el edificio mismo estuviera soñando.
Allí fue donde lo vio por primera vez en años: Cayden.
Decían q