El Ruido.
El ruido cesa cuando Damian se detiene.
No es una pausa voluntaria. Es una interrupción interna, como si algo dentro de él hubiese tirado de una correa invisible.
Su cuerpo obedece, pero su rostro no: los músculos de la mandíbula se tensan, el parpadeo se vuelve irregular, y durante un segundo sus ojos pierden foco, como si miraran demasiadas cosas al mismo tiempo.
Livia lo reconoce incluso antes de aceptar que es real.
El terror le sube desde el estómago hasta la garganta con una velocidad bru