El Despertar.
Los tubos fluorescentes del techo parpadeaban de manera intermitente, lanzando destellos fríos sobre las paredes cubiertas de grietas y señales de corrosión. Habían pasado horas desde que salieron del túnel, pero el silencio en aquel corredor era distinto: más denso, más vigilante.
Isela avanzaba despacio, con el cuaderno apretado contra el pecho. Cada paso levantaba una nube fina de polvo que se arremolinaba a la luz débil. Damian iba delante, con la linterna en una mano y el arma en la otra,