Livia.
La oscuridad del túnel se volvía más densa a cada paso. El aire olía a óxido y humedad, y el sonido de las gotas que caían desde las tuberías rotas se mezclaba con el eco de los movimientos del grupo. Livia iba unos pasos detrás de Isela, observando cómo la luz azul del cuaderno delineaba las paredes húmedas y marcaba el camino.
Nunca imaginó verse envuelta en algo así. Ella solo había ido a visitar a su amiga, a llevarle una caja con comida y quedarse a charlar un rato antes de clases. No sabí