El Colapso.
Las cámaras parpadean. Una a una, las imágenes del Consejo se llenan de humo y estática, hasta que el gris se convierte en un rugido visual.
El padre de Isela aprieta los puños sobre el panel de control. La madre, a su lado, apenas puede respirar.
El aire del centro de mando huele a ozono, a metal recalentado y miedo. El temblor del edificio se siente bajo sus pies, como si la estructura misma supiera que está a punto de morir.
—No… no puede ser ella —susurra la mujer, con la voz quebrada.
Pero