Buscando a Cayden.
Selena avanzaba por los corredores oscuros del complejo, el pulso acelerado y la respiración contenida. Cada paso hacía eco en las paredes metálicas y cubiertas de polvo, recordándole que no estaba sola, aunque nadie se atreviera a aparecer. Cada sombra podía esconder un centinela activo o alguna trampa residual del Consejo, y aún así no podía detenerse. Cada segundo contaba.
—Cayden —susurró, casi para sí misma, dejando que su voz se perdiera en el silencio húmedo—. Tienes que estar por aquí.