Lo Que El Consejo No Pudo Borrar.
El polvo flotaba en haces de luz azul que se filtraban entre los restos del complejo. El aire olía a metal quemado y ozono, y cada paso de Isela crujía sobre los escombros. Sus ojos recorrían las paredes fracturadas, los cables colgando, y vio, entre sombras, a Damian. Su figura parecía tan firme como siempre, pero había en ella una vulnerabilidad que nadie más veía.
—No pensé que seguirías viva —dijo él, su voz un susurro cargado de incredulidad.
Isela giró ligeramente, respirando con cuidado.