El trayecto hacia la cafetería se sintió más largo de lo normal.
Sebastián conducía con atención absoluta, mientras Valentina miraba por la ventana con el corazón latiéndole con fuerza. Cada semáforo, cada esquina, cada automóvil que pasaba parecía intensificar la tensión que flotaba en el aire.
—Todavía podemos pensar en otra opción —dijo Sebastián finalmente, rompiendo el silencio.
Valentina negó con la cabeza.
—No.
Su voz era firme.
—Si Daniel está allí con Marta, no puedo seguir escondiéndo