El otoño volvió a teñir las colinas del valle con una paleta de matices cobrizos, dorados y ocres. Un aire fresco y transparente bajaba de la cordillera al atardecer, agitando suavemente las copas de los robles centenarios que custodiaban el ingreso a la residencia Castellanos. A diferencia de los años pasados, donde el cambio de estación solía presagiar negociaciones complejas o la inminencia de un conflicto en los tribunales, la atmósfera que se respiraba en la propiedad era de una plenitud s