La puerta de la cafetería se cerró detrás de Daniel con un golpe seco.
El silencio dentro del local se volvió pesado durante unos segundos. Marta respiró profundamente detrás del mostrador, como si hubiera estado conteniendo el aire todo el tiempo.
—Dios mío… —murmuró.
Valentina todavía estaba de pie cerca de la entrada. Sus manos temblaban ligeramente, aunque trataba de mantener la calma.
Sebastián notó el temblor y colocó una mano suave sobre su hombro.
—Ya se fue —dijo.
Valentina asintió len