El pleno invierno se instaló en el valle con una majestuosidad impecable. Tras días de una nevada tenue que cubrió las colinas y los tejados de la mansión Castellanos, la mañana despertó bajo un cielo azul, despejado y cristalino. Los rayos del sol invernal rebotaban sobre la nieve fresca, iluminando con un brillo radiante los grandes ventanales de la propiedad. En el interior, el crujido constante de las chimeneas de piedra y el aroma a leña seca de pino mantenían una calidez envolvente en cad