La noche había caído sobre la ciudad, y Sebastián Rossi caminaba de regreso a su departamento con la mente inquieta. Las luces de los rascacielos reflejaban un brillo dorado en el pavimento mojado por la lluvia reciente, pero para él todo estaba nublado. No por la oscuridad de la calle, sino por la imagen de esa chica, Valentina, que no podía sacar de su mente.Desde que la había visto por primera vez en la cafetería, algo le decía que su vida no era simple. Ese pequeño moretón en su muñeca, la manera en que evitaba mirar a los clientes, la tensión en sus hombros, cada pequeño gesto que parecía invisible para los demás, hablaba de un miedo profundo y constante. Y Sebastián, que había construido su vida sobre la observación y la intuición, sabía reconocer cuando alguien estaba en peligro.Al llegar a su apartamento, se sirvió un vaso de whisky, aunque apenas tocó el líquido. Su mirada se quedó fija en la ventana mientras los pensamientos se agolpaban en su cabeza. Necesitaba respuestas
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