El amanecer se colaba entre las grietas del Valle de las Sombras, tiñendo de cobre y violeta los picos que rodeaban el campamento de Lirien. Cada sombra parecía un fantasma que esperaba para hablar, y cada ráfaga de viento llevaba consigo un mensaje que solo los más atentos podrían descifrar. Ainge estaba de pie sobre la plataforma de observación que ella misma había hechizado para analizar las corrientes de energía que fluían entre los sellos. Sus dedos tocaban el aire con la delicadeza de un