El amanecer rompía sobre el Valle de las Sombras con una luz que parecía filtrarse a través de un cristal de humo. Cada rayo de sol tocaba la tierra quemada y las piedras fracturadas, revelando marcas antiguas que ni los ejércitos de Lirien ni los de Skarn habían logrado borrar. Ainge caminaba con pasos calculados, el terciopelo verde de su túnica rozando las piedras mientras su mirada se mantenía fija en el horizonte. Al frente, Kael avanzaba con Vidar a su lado, el dragón proyectando su sombr