73. El ruido correcto
No podía romper la puerta sin encender todas las alarmas. Tenía que inventar un ruido que pareciera accidente, un error plausible dentro del lenguaje de las máquinas. Volví al cuarto técnico, donde el eco siempre suena a culpa. Abrí la tapa de la batería B y la golpeé con la llave de corazón, esa que ya parecía más un talismán que una herramienta. La chispa saltó diminuta, casi elegante, con ese olor a fósforo húmedo que anuncia caos chiquito.
El sistema, obediente como solo las mentiras bien