74. Piel de ciudad
Nos escondimos en una torre en obra, piso doce, un lugar donde todo olía a cemento fresco, a polvo suspendido y a futuro detenido a mitad de construcción. Era como estar en el esqueleto de un edificio que todavía no decidía si quería ser refugio o trampa. El viento entraba por los huecos donde algún día habría ventanas, trayendo el rumor de una ciudad en apagón. En la distancia se escuchaban sirenas quebradas, generadores tosiendo y, muy abajo, voces que parecían confundidas sobre quién mandaba