49. Lugares donde esconder la verdad
Volvimos a lo del maestro como quien vuelve a un faro después de un mar demasiado oscuro. La casa tenía ese olor a madera húmeda y yerba vieja que ya era un pequeño refugio dentro del caos. El sol de la tarde entraba inclinado por las ventanas, y en ese ángulo parecía que todo lo que tocaba se volvía un poco más honesto. Ojalá fuera así.
Vera estaba en la mesa larga con la computadora abierta, el pelo recogido en un rodete que había perdido la batalla hacía horas. Tenía ojeras nuevas, profundas