101. Lo que hacemos
La montaña vibraba bajo las suelas como si estuviera masticando un secreto antiguo y recién despierto. No era un temblor claro; era más bien una insistencia, un murmullo mineral que se te mete en los huesos y no te pregunta nada. Tenía el disco apretado contra el pecho, envuelto en una campera que ya no olía a mí, la llave con corazón bien hundida en el bolsillo interno, y a mi pequeño lobito pegado a la pantorrilla, alerta, serio, como si hubiera entendido que hoy no era día de juegos.
Vera a