El jet privado de Set Arslan aterrizó en Los Ángeles justo a tiempo. Su regreso de Dubai, con un nuevo acuerdo de miles de millones de dólares bajo el brazo, era la excusa perfecta para que Dilara organizara una cena de celebración. No era una simple fiesta; era una demostración de poder, control, y la inquebrantable unidad de la familia Arslan, a pesar de las grietas que Dilara acababa de sellar con su propia voluntad de hierro.
La mansión de Bel Air brillaba bajo la luz suave de los candelabr