Horus y Senay se sentaron juntos en la arena fría, justo donde las olas rompían con un susurro constante. El sol ya había desaparecido, dejando el cielo con un profundo tono azul noche y las primeras estrellas visibles. La atmósfera estaba cargada de emoción, pero también de una paz recién encontrada después del beso.
Horus sostuvo la carpeta de pruebas en su regazo, pero sabía que la verdad de los documentos no era tan importante como la verdad de su corazón.
—Sé que te mereces la verdad, y no