Después de un largo y extenuante día «aburrido para Lina», todos se encontraba en la casa de ella para una cena familiar. Alex se había encargado de todo y ahora la estaba llevando en sus brazos hasta el comedor, ignorando la protesta de la joven.
—Aquí está nuestra enfermita —se burla Gaby.
—No estoy enferma —gruñe Lina—. Bájame —le ordena a Alex—. Ahora.
—En tu silla.
—Vaya, alguien por fin se puso los pantalones. Jodidamente asombroso —se burla Gaby.
—Y siempre que ella quiera me los quitaré