Gaby e Ian aparcaban delante de un edificio que amenazaba con caerse con solo un soplido, en un barrio bajo de la ciudad. Había hombres en una esquina bebiendo alcohol y seguramente también drogándose. Otros hombres en el pórtico del edificio en el cual tenían que entrar. Nada de lo que veían del lugar les daba buena espina.
Ian prepara su Sig Sauer en su espalda.
—Esta vez no tendremos que correr —enuncia Gaby elevándose de hombros e Ian menea la cabeza, divertido.
Bajan de la camioneta y como