Después de un largo y extenuante día de trabajo, al fin Sofi podía marcharse a casa. Camina por las calles apenas alumbradas, hasta conseguir un taxi. Por suerte, no tuvo que esperar mucho para encontrar uno.
Todo el viaje fue pensando en la suerte que tenía por haber encontrado a Mateo y, por supuesto, también a Ian. Estaba feliz por el giro que había dado su vida en tan poco tiempo, aunque temiera que algo le pasara a Ian cada vez que debía ir al trabajo; de todas maneras, el rubio sabía cómo