Luego de que lo convencieran para que se tomara las cosas con calma, se fue directo a la casa de Gaby, de nuevo, no se iba a quedar tranquilo con unas simples palabras desordenadas de Lina, iría por Gaby. Al llegar, después de tocar varias veces el timbre, el morocho abre la puerta con el torso desnudo, solo llevando un chándal; Estaba descalzo y todo sudado.
—¿Qué hay, querubin?
—Tenemos que hablar —suelta antes de rodearlo y entra en la casa sin esperar a ser invitado.
—Pasa —ironiza Gaby, to