— ¿Cómo haces para aguantarlo todo el día en el trabajo? —le pregunta la joven a su marido dejando escapar un suspiro.
— ¿Quién te dijo que lo aguanto? —responde el rubio—. ¿Cómo te encuentras? —quiere saber.
—Bien —Observa a Ian que ocupa el lugar en donde antes estaba el morocho—; aunque me gustaría salir de aquí e ir a casa.
Ian toma su mano y la besa.
—Ya falta poco —le promete.
—¿Tú cómo estás?
—Muy bien, Sofi —sonríe al ver que su mujer a pesar de estar en un hospital se preocupaba