Ian intenta comunicarse con Sofi. Era la tercera vez que el teléfono de su mujer lo mandaba al buzón de voz; maldiciendo y jurando en voz alta, deja caer el celular en el asiento del acompañante. Había hablado con Sofi días anteriores en comprar un celular para darle a Mateo, ya era hora que podía comunicarse con el niño en el momento que sea necesario y ese era justo el momento, sin embargo, nunca llegaron a concretar ese pensamiento. Ahora escupía un glosario de palabrotas por no ir directo y comprar ese maldito celular por su cuenta y no hacerle saber a Sofi hasta que llegara a la casa con el bendito aparato. Ni siquiera tenía un teléfono en la casa, ¿quién llama hoy en día a las líneas fijas? Frustrado, toma de nuevo el celular y otra vez marca el número de Sofi para que de nuevo sea despedido al buzón, sacando letanías golpea el volante con un puño. Sus nervios estaban haciendo estragos, no podía no pensar mal, su lado de policía siempre le hacía pensar lo peor de las situaciones