Una vez que Sofi entró, cierra la puerta y de un trote rodea el auto para subir del lado del piloto. Cuando sube, la mira de reojo y sonríe de costado, ella estaba pasando sus manos por el tablero de madera pulida y luego se despliega por los asientos de cuero.
—Es hermoso —musita Sofi sin dejar de tocar a su alrededor.
—Lo es —concuerda él—. Aunque hay que reconocer que se ve mejor contigo en él —exclama, poniéndolo en marcha.
Ella se ríe, ya no sintiéndose tan nerviosa, él tiene ese poder