—No puedo creer que recuerdes ese día —expresa sin dejar de reír.
—No puedo creer que NO recuerdes ese día —imita él.
—Pero si me hubieras dado más pistas sabría que estabas hablando de mis tirabuzones a los que tanto desprecio les habías hecho sin siquiera probarlos antes —se defiende ella.
—Da igual. Fue nuestra primera comida juntos. Fue la primera cosa rara que me hiciste probar.
—Ahora me vas a decir que no te gustaron —esboza acusándolo.
—Me encantaron. Es más —Se levanta y acerca su silla, sentándose al lado de ella—… Es mucho más rico cuando tú me lo haces probar, prácticamente obligándome a hacerlo —Frunce el ceño—, arrugando la frente por tu enojo —señala mostrándole como fruncia el ceño.
Ella toma su tenedor y pincha un tirabuzón, lo mezcla bien con el kétchup y luego haciendo burla de lo que él le había dicho fruncir el ceño y tiende la comida hacía él, dándole de comer en la boca. Él acepta sonriendo.
—Definitivamente, de esta manera sabe mejor —entona el rubio.
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