—El doctor va a crucificarnos —le murmura Alex a Lina.
Estaban sentados uno al lado de otros tomados de la mano en el avión privado de Alex, junto a ellos iban: Aye, Gaby, Tony, Sole, Erik, Mateo y los recién casados, Sofi e Ian. Pasaron una semana en Milán y ahora regresaron todos juntos a casa. El avión destilaba alegría por doquier y todo era una leve calma y mucha paz. Estaban todos relajados y tranquilos, y eso era lo que se palpaba en el aire dentro de ese avión.
—No te preocupes, ya pasó el tiempo que tenía para estar en reposo y me siento absolutamente bien —lo tranquiliza ella con una sonrisa.
—De todas maneras, no teníamos que haber venido —Como notó que ella iba a replicar se apuró a hablar—. O al menos deberías haberte quedado en la habitación en cama y no pasar por todo Milán —le regaña con cariño.
— ¿Perderme esa hermosa ciudad? Ni de broma, Alex; no podía estar en Italia y no viajarla, no la conocía y lo sabes.
Alex suspira.
-Si; perder. Pero podíamos volver en cualquie