Cuarenta minutos después los dos estaban listos y saliendo a toda prisa de la casa para ir al hogar de Vicente. Mateo estaba nervioso por conocer gente nueva y Sofi estaba emocionada por ver a la familia del señor Torrielli, a los cuales hacía muchos años que no los veía y lo mejor de eso, era que iban a conocer a Mateo. Y estaba segura que lo iban a adorar, al igual que ella lo hace.
—Pase, señorita Stagnaro —le dedica la ama de llaves de la villa Torrielli—. Bienvenida.
—Gracias.
—Sofi, Mateo