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Sin más que decir, el presidente White asintió con resignación.
—Al menos oculta esa marca hasta la boda, Olivia. Evitemos habladurías innecesarias.
—¡Gracias, papá!—Olivia no necesitó que se lo dijera dos veces. Sin darle tiempo para decir más, tomó a su alfa y lo llevó a su habitación para tomar sus maletas y meterlas en el auto.
El presidente White desvió la mirada hacia el jardín y contempló los rosales que se mostraban bellos y orgullosos. Su memoria lo llevó a un tiempo atrás, cuando su compañera dedicaba sus horas libres al cuidado del jardín. Podía verla incluso ahora, su pequeña y esbelta figura inclinada sobre las rosas, su cabello rubio y su hermoso rostro protegidos bajo un lindo sombrero. Olivia era la copia de su madre, incluso en el carácter. Una mezcla de adorable obstinación y encanto.
—Si soy duro con ellos es porque los amo. No te enfades mucho conmigo. ¿De acuerdo? Puedes estar tranquila, tus cachorros pueden ser obstinados y difíciles como tú, pero estarán bien.
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