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En otro tiempo, Olivia habría estado encantada de pasar un tiempo en la residencia Moor. Le habían dado su habitación favorita, aquella con cama de dosel, balcón que daba directo a la piscina, tina de hidromasaje y muebles de caoba, pero ahora todo eso era lo de menos para ella. Lo único que quería era saludar al abuelito Moor y atacarlo con preguntas acerca de Alejandro.
—¡Todo esto es asombroso! —Susi entró corriendo y se lanzó a la cama.— ¡Oh, también quiero una cama con dosel! ¿Por qué Olivia es la única que tiene una?
Harper entró minutos después; todo su atuendo gritaba que iría a la piscina. La toalla al hombro, sombrero y gafas, lucía tan hermosa y diva como era.
—Es que Matthew nunca perdió la esperanza de bajar las cortinas, si sabes a lo que me refiero. —El guiño cómplice de Harper hizo reír a Susi.
—¡Este lugar me encanta! —Susi dio vueltas en la cama y desordenó las almohadas.
—Guarda tus emociones, Susi. —Harper se acomodó las gafas.— Tenemos una casa club en algún lugar