.59.

—¡Por la luna, perdóneme! —El mesero trató desesperadamente de limpiar los restos de jugo de frutas de la ropa de Olivia.—¡Qué torpe soy!

Olivia estaba tan avergonzada que no quiso levantarse del suelo. Quería que la tierra la tragara. Pero antes de que pudiera salir corriendo, unos fuertes brazos la levantaron y un conocido aroma reconfortante la rodeó.

—¿Estás bien, Olivia?—Alejandro la ayudó a levantarse del suelo.—¿Te lastimaste?

—No, yo...

Alejandro le habló al mesero.

—¿Podrían traerme un botiquín?

—¿Qué?—Olivia balbuceó.—No, estoy bien...

—Tienes una cortada en la rodilla, seguramente te la hiciste al caer sobre los cristales rotos.

Fue entonces cuando Olivia sintió un pequeño escozor en su rodilla derecha.

—Oh...—¿Podría estar más avergonzada?

Antes de que Olivia pudiera decir algo, Alejandro la cargó y la llevó al baño, donde la dejó sobre el lavamanos mientras tomaba una toalla y la empapaba con agua. Le limpió el rostro, las manos y luego, con delicadeza, las rodillas.

—Sig
Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP