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El abuelo Moor se puso rojo de la cólera, elevó su bastón y le pegó con él.
—¡Muchacho insolente, bueno para nada! —Manuel trataba de esquivar los golpes. —¡Tu padre no solo te heredó el apellido, también su bocota! Eres uno de los Moor y tienes que estar presente lo quieras o no.
—¡De acuerdo, lo lamento, lo lamento! —Manuel se quedó sobándose la cabeza. —¿Así castigabas a papá cuando era joven? Ahora entiendo por qué salió huyendo de aquí...
El abuelo Moor agrandó los ojos.
—¿Qué fue lo que d