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El abuelo Moor se puso rojo de la cólera, elevó su bastón y le pegó con él.
—¡Muchacho insolente, bueno para nada! —Manuel trataba de esquivar los golpes. —¡Tu padre no solo te heredó el apellido, también su bocota! Eres uno de los Moor y tienes que estar presente lo quieras o no.
—¡De acuerdo, lo lamento, lo lamento! —Manuel se quedó sobándose la cabeza. —¿Así castigabas a papá cuando era joven? Ahora entiendo por qué salió huyendo de aquí...
El abuelo Moor agrandó los ojos.
—¿Qué fue lo que dijiste?
Alejandro bajó la cabeza y se masajeó la sien; la noche recién empezaba y él ya estaba cansado de todo esto.
—Si me disculpas, abuelo, voy a tomar un poco de aire.
Sin esperar respuesta, Alejandro salió del salón. Desesperado por alejarse de ese ambiente tan sofocante. Cuando contactó al abuelo, supo que su vida iba a cambiar, pero ahora que no había escapatoria, se sentía asfixiado. Solo ahora que podía entender cómo se sentía Olivia, viviendo en una jaula de oro, en donde todos podían