.35.

Patrick pisó una ramita y alertó a la omega, que paró de cantar y pegó un grito cuando lo vio.

—¡Lo lamento!

—¡Oh, por la sagrada luna! ¡Qué susto me diste! —Al ver que Patrick no era ninguna amenaza, soltó una risa limpiavidrios.—¡Ah, se me olvida que aquí no es como en el pueblo, por un minuto pensé que se trataba de algún oso!

Algo se quebró dentro del alfa al escuchar esa melodiosa risa. Ahí, en medio del jardín de los Moor, Patrick se había enamorado.

—¿Cómo te llamas?

—Susana Stone. Pero
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