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Cuando volvió, se sintió tan agradecido con la luna al enterarse de que no hubo emparejamiento, que quiso correr a los pies de Olivia y rogar por perdón de inmediato. Sabía que era probable que no quisiera saber nada de él y que jamás lo perdonara. Pero iba a reparar el daño que le hizo, de una manera u otra. Después de todo, ambos se habían herido mutuamente; aceptaba que las cosas no serían sencillas.
—¿Quieres explicarme de qué se trató todo este circo, Alejandro?
—Olivia es la omega de la que te hablé.
—¿La omega que te tomó por estúpido y te engañó es la pequeña White? —El abuelo soltó una carcajada.—¡Esa chiquilla es una monada!
—Esto no tiene gracia.
—¡Claro que la tiene! La pequeña te tiene tan idiota que fuiste capaz de aceptar la vida que tanto odias por una oportunidad incierta con ella. Adoro a esa omega. —Fuera de broma, el abuelo estaba agradecido.—Gracias a ella pude recuperarlos, a tu hermano y a ti. Le hizo un gran bien a mi familia. Tú, por otro lado, estás sumamente