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Más tarde esa noche, Olivia cruzó el vestíbulo de la mansión de los Moor enfundada en un atractivo vestido rojo a la medida. Su cabello castaño brillaba y sus mejillas estaban teñidas de rosa. Cuando las miradas se posaron en ella, las habladurías comenzaron.
—¡Estos idiotas! —Harper la tomó del brazo y caminaron ignorando a todos.—Son una bola de envidiosos. No hagas caso a nada, Olivia. Te ves hermosa. Les duele que hayas superado todo y sigas luciendo adorable.
Olivia trató de sonreír a pesa