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Más tarde esa noche, Olivia cruzó el vestíbulo de la mansión de los Moor enfundada en un atractivo vestido rojo a la medida. Su cabello castaño brillaba y sus mejillas estaban teñidas de rosa. Cuando las miradas se posaron en ella, las habladurías comenzaron.
—¡Estos idiotas! —Harper la tomó del brazo y caminaron ignorando a todos.—Son una bola de envidiosos. No hagas caso a nada, Olivia. Te ves hermosa. Les duele que hayas superado todo y sigas luciendo adorable.
Olivia trató de sonreír a pesar de todo. Atravesaron la mansión hasta que llegaron al salón de la fiesta. Las lámparas de cristal lucían orgullosas en el techo, las cortinas estaban abiertas dejando a los invitados contemplar la hermosa luna llena. La música de violín le daba a la velada un toque de sutil elegancia. Todo eso contrastó terriblemente con el ancianito que las abrazó con entusiasmo.
—¡Mis ojos no habían visto tanta hermosura junta en mucho tiempo! —Besó a ambas omegas y les sonrió con cariño. En especial a Olivi