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Los cachorros empezaron a corretear alrededor de la omega. Sentían curiosidad por ella, la acribillaron a preguntas y sonrisas. Por primera vez en dos años, Olivia había vuelto a sonreír un poco. La omega necesitaba sanar su alma. Y poco a poco volvió a ser la de antes.
—¿Por qué no vas a cambiar los pañales de los bebés? Ese será tu castigo.
—¡Pero, Nani...!
—¡Nada de peros! Tú eras la responsable de este desastre y lo...
—¡Es por aquí, señores!—El grito de Harper anunció su llegada y tras ell