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La familia Jones era bulliciosa. Olivia no tenía otra palabra para describir a la gran manada que llegó puntual a las ocho para cenar. Eran al menos unas treinta personas. Y con los vecinos, llegaban casi a los cien invitados. Entre la multitud venían cachorritos de todas las edades, recién nacidos, los que ya caminaban, los que hablaban y los mayores de unos diez años que correteaban de arriba para abajo persiguiéndose las colas. Ahora entendía por qué la señora Jones puso una mesa de bocadill