.17.
—¡Sofí! —La madre de la lobita apareció. Era una de las vecinas invitadas a la fiesta. —¡No molestes a tus anfitriones, maleducada!
—¡Pero mi hermanito huele mal y no deja de llorar! ¡Se cagó y tú estabas ocupada platicando! —Chilló la pequeña. —¿Por qué no lo puede cambiar la Omega de Alejandro? ¡Tú dijiste que todos las omegas emparejadas saben cambiar pañales!
—¡Esta niña!
Alejandro se levantó de la mesa y tomó al bebé lloroso y gritón en sus brazos.
—Yo me encargo.
—¡Qué pena, Alejandro! —La mamá de la cachorra estaba avergonzada. —Deja, no tienes que...
—Nos haremos cargo, no es nada. —Alejandro extendió la mano hacia Olivia. La Omega ya se había olvidado del problema y estaba llevándose una cucharada de comida a la boca. —Vamos, Olivia.
—¿Disculpa? —Olivia estaba más que indignada. —¡Yo no cambio pañales!
—¡Oh, vamos, mi amor! —Le hizo un guiño coqueto. —Debemos practicar para cuando vengan los nuestros...
Ahora la que se atragantó fue Olivia.
—¡Así no se hace, Olivia! —Alejandr