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—No quiero más interrupciones.—El viejo lobo sonrió con aprecio.—¿De acuerdo, linda jovencita?
La beta se sonrojó de pies a cabeza.
—Sí, por supuesto, Presidente. Lo que usted diga, yo me encargo...—Cerró la puerta haciendo reverencias.
Al ver la ceja arqueada de Matthew, el Alfa sonrió.
—Podré estar sordo, pero no ciego.
—Eres todo un caso, abuelo.
—A lo que vine.—El abuelo se dejó caer en la silla de Matthew y comenzó a revisar los papeles del escritorio.—Quiero revisar los estados financieros.
Pasó alrededor de una hora hasta que el abuelo Moor, satisfecho con el manejo de su nieto sobre la empresa, tomó un descanso.
—¿Y cómo vas con la pedida de mano de Olivia?
—No creo que sea oportuno. Su padre tuvo un infarto y Patrick está demasiado ocupado tratando los asuntos de la empresa.
—Estás perdiendo el tiempo.—El abuelo Moor se recostó en la silla y colocó sus manos sobre su estómago.—Escúchame bien, cachorro. Si no te apresuras, alguien más tomará tu oportunidad.
—Ya sé que quieres