Llegamos con un frenazo brusco que levanta una nube de barro frente a la escalinata de la mansión de Archer. Las puertas de nuestras camionetas se abren al mismo tiempo y bajamos con movimientos pesados, seguros. Kaelen y Gideon se posicionan a mis costados. No necesitamos más gente a nuestro alrededor para hacernos notar; la pura presencia de nosotros tres basta para cortar el aire.
De inmediato, una docena de los lobos de Archer sale de los flancos, rodeándonos en un semicírculo tenso. Tienen