CAPITULO 14: THOMAS.
Cruzo el umbral y cierro la puerta de la habitación de Emma, dejando atrás el aroma de su miedo y su maldito autodesprecio.
Mátalo, ruge mi lobo en la base del cráneo, arañando la cordura, ansioso por desgarrar carne humana. Nadie toca a la hembra. Nadie toca al cachorro.
—Silencio —le ordeno mentalmente mientras bajo las escaleras a zancadas. La furia me hierve en la sangre, exigiéndome violencia pura.
Subo a la parte trasera del auto. Mi chofer no necesita preguntas; conoce el destino. El tra