Capítulo 30. Devuelta a la vida.
Horas más tarde…
La habitación estaba sumergida a media luz, apenas desgarrada por el baile errante de las llamas de las velas.
Carlos no tenía piedad. La tenía de espaldas, obligándola a hundir el rostro en la almohada mientras él marcaba su dominio con cada embestida.
La luz dibujaba círculos de sombra sobre los músculos tensos de su espalda, que subían y bajaban con un ritmo animal.
Amanda estaba de rodillas, con las nalgas levantadas, ofreciéndose por completo a ese castigo delicioso que ve