Las pruebas estaban ahí, tiradas sobre el tocador, confirmando sus peores sospechas.Amanda pasó saliva con dificultad, sintiendo que le faltaba el aire mientras intentaba procesar las imágenes que el detective le acababa de entregar.En la imagen principal, Víctor, su esposo, sostenía en brazos a un niño pequeño mientras sonreía.Era una sonrisa alegre, relajada, de esas que jamás le había dedicado a ella en los tres años que llevaban casados.A su lado, abrazándolo por la cintura, estaba una mujer despampanante.Tenía otra familia.El pecho de Amanda subía y bajaba con fuerza, buscando aire en una habitación que de repente se sentía demasiado pequeña.Cuando aceptó casarse con Víctor Grimaldi a los veintiún años, sabía perfectamente que era un acuerdo.Él necesitaba una esposa intachable para poder cobrar la millonaria herencia de su abuelo, y ella… bueno, ella había sido lo suficientemente ingenua como para creer que el amor podía nacer con la convivencia.En el fondo, siempre estu
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