Capítulo 11. Un extraño inexistente.
Al cruzar la imponente puerta principal de la residencia Grimaldi, Amanda ya no era la misma mujer que solía caminar de puntillas por esos pasillos.
El ambiente estoico del lugar no logró intimidarla esta vez; de hecho, le resbaló por completo.
Todavía traía ese calorcito rico en el cuerpo, un recordatorio sabroso de toda la locura que había hecho en la madrugada.
Romper las reglas y entregarse sin filtros en esa cama de hotel había destruido de un plumazo su antigua versión de esposa perfecta,