Capítulo 13. Me urge separarme.
Amanda abrió la puerta que daba a la elegante oficina de su amiga Lucía.
El despacho estaba perfecto, como siempre, pero el escritorio de la abogada era un caos de carpetas, resaltadores y tazas de café a medio terminar.
Lucía levantó la vista de la montaña de expedientes y, al verla, soltó el bolígrafo de inmediato con una gran sonrisa.
—¡Amanda, querida! ¡Tiempo sin verte! —exclamó, poniéndose de pie para rodear el escritorio y darle un abrazo.
—Lo mismo digo, Lu. Ya te extrañaba —respondió A